Relatos del extremo sur



La escritora yagán


Dedicada por estos días a terminar la biografía de su abuela paterna, quien es la última persona hablante nativa de la etnia yámana o yagán, Cristina Zárraga lleva varios años trabajando para promover la cultura de su pueblo y hasta ahora ha publicado dos libros que dan cuenta de esta investigación: un diccionario ilustrado y una compilación de cuentos, en una edición independiente donde resalta la delicada factura artesanal.
































Por Macarena Anrique. Fotografías: Ronny Belmar (retrato Cristina Calderón y libros), Oliver Vogel (retrato Cristina Zárraga).
Publicado el 16 de septiembre de 2014

Cristina Calderón (87 años) fue declarada Tesoro Humano Vivo por el Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes al ser la última persona yagán que habla el idioma de su cultura en forma natural. Recién en 1999, cuando junto a su hermana Úrsula visitó Santiago, conoció a su nieta Cristina Zárraga, entonces de 23 años. “En el primer encuentro que tuve con mi abuela, me pidió que escribiera un libro de ella, porque tenía mucho que contar y quería que no se dijeran mentiras. Así me explicó. En ese entonces no imaginaba ese libro. Sin embargo, no podía negarme, sino acoger su pedido”, recuerda Cristina.
Hija de padre yagán, un hombre que siendo muy joven partió de su tierra, como marino, y se instaló bastante más al norte de su pueblo, Cristina Zárraga lleva en su sangre la impronta de un pueblo que tristemente ha ido despareciendo, pero que desde los confines del continente encanta con relatos cargados de magia. Sobre ese mundo es que, desde hace varios años, esta mujer realiza una labor de rescate cultural.Nacida en Concepción, vivió en Talcahuano hasta 2001. Desde niña le gustaron los libros, aunque su acceso a ellos no era fácil. “Me las rebuscaba para obtener alguno de una colección de la editorial Andrés Bello que tenía un tío. Recuerdo que lo hacía a escondidas, estaban prohibidos para mí por ser casi de adorno. Recuerdo también mis ganas intensas por el saber, el conocimiento. Con los libros podía entrar en otros mundos, me permitía escapar por un rato de mi propia realidad. Así, en ese silencio, nació la necesidad de escribir mis primeros poemas”, relata desde Alemania, donde vive actualmente junto a su marido y sus dos hijas. Allá, lejos de los fríos y hermosos paisajes donde, por siglos, se desenvolvieron sus antepasados, Cristina está dedicada al libro que le pidió su abuela: “Estoy revisando los textos transcritos de mis grabaciones. Me he propuesto terminar este año, porque es un trabajo que comencé hace más de diez y, con el paso del tiempo, he ido completando historias y a su vez hemos ido madurando juntos. Ya es el tiempo de editarlo. Quisiera entregar este libro a mi abuela, como ella me pidió. Principalmente, es el relato de su vida, ella me va contando, a mí, su nieta. Y, por supuesto, está relacionado con la historia yagán. También incluye algunas fotografías que he recopilado”. 






















Quiero contarte un cuento 
Tras el primer encuentro con su abuela paterna, en el año 2001 Cristina Zárraga consiguió una beca y viajó hasta Villa Ukika, en Isla Navarino, Tierra del Fuego, donde hoy habita gran parte de la población yagán. Con el propósito de rescatar las vivencias de su pueblo, durante sus estadías comenzó a escuchar las historias de vida de los ancianos de su cultura. “A la vez, iba comprendiendo la de mi padre y la mía. Así iba transcurriendo esta convivencia con mi abuela y se iba armando este libro a través de etapas”, comenta.Así también nació una compilación de breves relatos transmitidos oralmente, generación tras generación, creencias y mitos yaganes protagonizados por seres fantásticos y animales. “Hai kur mamashu shis” –‘quiero contarte un cuento' en lengua originaria y la frase con que las abuelas yaganas comenzaban a narrar– se publicó en 2007 dedicado a la memoria de la tía abuela de Cristina, Úrsula Calderón, luego de que la autora escuchara decenas de historias e integrara datos en un trabajo largo, donde, año a año, iban reapareciendo recuerdos. “Para mí eso es lo relevante de estos cuentos, que entregan datos importantes para completar o entender parte de nuestra historia cultural-espiritual”, explica.Pensando en una edición especial, una capaz de complementar el valor de estas historias, “Hai kur mamashu shis” fue hecho en Ukika, el mismo lugar de donde provienen las narraciones, y con ilustraciones desarrolladas a partir de la técnica de la xilografía (técnica de impresión con plancha de madera). 






















Traducida al inglés por una amiga canadiense, Jacqueline Windh, y al alemán, por el esposo de la autora, Oliver Vogel, su segunda edición fue un proyecto independiente, con fondos propios: “El diseño estuvo a cargo de Oliver, también gestor de esta idea. La impresión se hizo en Argentina y la encuadernación, por nosotros mismos, con ayuda de Verónica, mi hermana, en mi taller en Ukika y acompañados también por nuestra primera hija, Hani Kipa. Un trabajo muy lindo, con toda la dedicación y cariño proveniente de nuestras manos; así iba saliendo uno a uno cada ejemplar”.Existen versiones no artesanales del libro en alemán y español, en Puerto Williams, en el Museo Martín Gusinde, Tienda Fío Fío y Amazon. También en el Museo Yámana y en librería Ushuaia Libros, de Ushuaia, ciudad argentina donde “Hai kur mamashu shis” pasó a ser un texto escolar.Además de la biografía de Cristina Calderón, la autora trabaja para rescatar la lengua de sus antepasados y es así como prepara, con Editorial Tierra del Fuego, una nueva edición del pequeño diccionario yagán “Yágankuta”, en cuya primera publicación se incluyeron dibujos de niños de Ukika y audio de la abuela Cristina. 

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